Manual de supervivencia para comer sano sin perder la dignidad

Ilustración minimalista de una mesa con ensalada y agua, una escena cotidiana de comer sano sin perder la dignidad.

Vamos a aclarar una cosa desde el principio.

Comer sano sin perder la dignidad, no es convertirse en otra persona.

No es vivir a base de lechuga triste.

No es beber agua con limón mirando al infinito.

Y, desde luego, no es sonreír mientras te comes algo ¡que no te apetece nada!

Comer sano, en la vida real, es intentar compensar un poco el desmadre navideño sin perder la dignidad por el camino. Y eso, amiga, tiene sus normas.

1. La compra “sana” es un acto de fe

Tú entras al súper con buenas intenciones.

Muy centrada.

Llenas el carro de verduras, pescado, yogures “naturales” (que no sé como la gente puede comérselos) y cosas que en diciembre ni mirabas. Te sientes orgullosa, responsable….

¡Hasta que llegas a casa!

Y ahí es cuando te das cuenta de que no tienes nada que te apetezca de verdad.

Empieza la lucha interna:

—Bueno… esto es sano… pero… ¡no me apetece nada!

Primer aprendizaje:

Compra sano, pero compra cosas que te comerías aunque no estuvieras a dieta.

Si no, acabarás pidiendo una pizza “solo por hoy”.

2. Comer sano sin perder la dignidad

Si tu plato parece una penitencia, vas mal.

Muy mal.

Ese filete seco con ensalada sin aliñar no es disciplina.

Es tristeza.

¡Mucha!

Comer sano no significa comer sin sabor.

Significa usar aceite sin miedo (hasta cierto punto), añadir especias, aceptar que el aguacate no es el demonio

Si mientras comes piensas “esto es lo que me toca”, ¡no vas a durar ni tres días!

3. El “ya que estoy…” es el enemigo silencioso

Empiezas bien:

—Voy a comer sano.

Y llega un punto en el que te aceleras:

—Bueno, ya que estoy, quito el pan.

—Y el aceite.

—Y el postre.

—Y ya de paso…la alegría.

Resultado: a las dos horas tienes hambre, mal humor y pensamientos peligrosos.

Comer sano no es quedarte con hambre, es comer mejor.

Tener hambre constante no es tener fuerza de voluntad, es mala planificación.

4. No todo tiene que ser “fit”

Ese es el gran error.

No todo tiene que llevar semillas, nombres en inglés ni ser “alto en proteína”.

La comida de toda la vida también cuenta.

Una buena ensalada en condiciones.

Una crema de verduras bien hecha.

Una tortilla francesa decente.

Eso también es comer sano.

Y, además, no te hace sentir ridícula.

5. El fin de semana existe (y está bien)

Pretender comer perfecto siete días seguidos , semana tras semana… es ciencia ficción.

Llega el viernes.

Sales.

Te tomas algo.

Comes fuera.

¿Y qué?

No pasa nada.

El problema no es comerte una hamburguesa.

El problema es pensar que por comértela ya has arruinado tu vida y entonces “ya todo da igual”.

Spoiler: no da igual.

Se come bien en la siguiente comida y punto.

6. Comer sano no te convierte en mejor persona

¡Importantísimo!

No eres más válida por comer ensalada.

Ni menos por comerte un croissant.

Comer sano es una herramienta.

No una identidad.

No hace falta anunciarlo.

Ni justificarlo.

¡Ni sufrirlo!

7. La dignidad es clave

Si comer sano implica pasar hambre, enfadarte con el mundo, vivir obsesionada o pensar todo el día en comida…

¡entonces no es sano!

Comer sano debería darte energía, ayudarte a sentirte mejor y permitirte vivir sin pensar constantemente en ello.

Si no, no compensa.

En el fondo, comer sano no va de fuerza de voluntad ni de convertirte en alguien nuevo.

Va de ir ajustando cosas, sobrevivir al día a día y no perder el sentido del humor en el proceso.

Un día comes mejor.

Otro no tanto.

Y la vida sigue exactamente igual.

Porque bastante cuesta ya sobrevivir al día a día como para encima hacerlo con hambre y mala leche.

Así que relaja los hombros, abre la nevera sin miedo y sigue a lo tuyo.

Que bastante tenemos ya con llegar a todo… como para encima hacerlo con hambre.

Y ahora dime tú:

¿en qué punto estás?

¿Modo ensalada convencida o “mañana empiezo, palabra”?

Te leo en comentarios. Aquí no se juzga… ¡recuerda que eso solo lo hace la báscula!

Si te has reído… no seas egoísta ¡comparte!

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