
En España hay una creencia que pasa de generación en generación.
No aparece en los libros, ni se estudia en el colegio, pero se transmite igual que las recetas, los refranes y el “abrígate que refresca”.
Esa la creencia de no tirar cosas “por si acaso”.
No es una manía, es una filosofía de vida.
Porque aquí no guardamos cosas inútiles.
Guardamos posibles soluciones futuras… aunque nadie sepa exactamente a qué problema.
Y claro, luego llegas tú.
Persona moderna, funcional, con ganas de paz mental y cajones que cierren bien…. Y decides tirar cosas.
Error.
Porque hay dos tipos de personas en España, las que tiran cosas… y las que se sienten personalmente atacadas cuando alguien tira algo.
Tú tiras cosas y eso, amiga, te convierte automáticamente en ¨mala gente¨.
Porque basta con que digas:
—Esto lo voy a tirar.
Para que, desde el fondo de la casa, alguien grite:
—¡¡NOOOOO!!
Como si hubieras anunciado que vas a vender el piso, cambiarte de apellido o regalar a los niños.
—¿Pero eso POR QUÉ lo tiras?
—¡Si está bien!
—¡Si eso puede servir!
No sirve.
Hasta ahora, ¡no ha servido nunca!
Pero da igual.
Porque en este país existe una norma no escrita, grabada a fuego y es que, todo puede servir “para algo”, aunque nadie sepa exactamente para qué.
Por ejemplo, los tuppers sin tapa.
O peor: tapas sin tupper.
Tienes un cajón lleno de recipientes incompletos que no encajan entre sí, pero nadie los tira porque ¨igual aparece la tapa¨
No aparece (nunca).
Pero ahí siguen, criándose entre ellos, te niegas a aceptar que ha perdido su pareja para siempre.
Por no hablar de los móviles antiguos…
Móviles que ya no encienden, no cargan y ya no sabes ni cómo desbloquear.
—¿Y esto?
—¡No lo tires!, ¡que tiene fotos!
Fotos de 2009, borrosas.
Fotos de cenas que nadie recuerda.
Pero se guardan.
Porque tirarlos sería cerrar una etapa emocional para lo que no estamos preparados ¨aún¨.
Luego están los mandos.
Mandos que no sabes de qué son.
Mandos que no funcionan con nada que tengas ahora mismo.
Pero no se tiran porque todos pensamos lo mismo:
“Como lo tire, mañana aparece lo que sea que llevaba este mando” ¡Ley de Murphy!
Y, ¡ojo con tocar los cables!
Cables USB antiguos.
Cables que no encajan en nada que reconozcas.
Cables que crees que no funcionan… pero no estás del todo segura.
Tú los miras y piensas:
—¡Esto fuera!
Y automáticamente aparece una figura diciendo:
—Eso NO. Que ese cable es de…
Nadie lo sabe.
Pero si lo tiras, mañana hará falta.
Todos hemos vivido ese momento traumático de necesitar justo ese cable que tiraste “porque no servía”.
Además, como se te ocurra decir:
—No pasa nada, ya compraré otro.
Te miran como si fueras millonaria o irresponsable… ¡O las dos cosas!
En el mismo ecosistema viven las bolsitas con botones de camisas que ya no tienes.
Botones sueltos que no forman pareja con ninguno.
Pero se guardan.
Porque un botón no se tira, porque puede hacer falta en algún momento.
Que no llega nunca, pero se guarda igual.
¡Ah! y los cuadernos empezados.
Libretas con tres páginas escritas y el resto en blanco, que empezaste “para organizarte”, ¨para apuntar recetas, ¨para un proyecto¨…
El proyecto nunca llegó.
Pero la libreta sigue ahí, esperando ese momento vital en el que, de repente, te conviertas en una persona constante.
Spoiler: no ocurre.
Pero… ¿y si?
¡Exacto! la libreta no se tira.
Hablando de libretas, el nivel avanzado son ¡los papeles!
Instrucciones de electrodomésticos que ya no tienes.
Garantías caducadas desde hace siete años.
Papeles “importantes” que nadie ha vuelto a mirar jamás.
Pero no se tiran, porque son papeles.
Y los papeles en España se respetan.
Que luego llegas tú, persona funcional del siglo XXI, miras el cajón, ves el caos y piensas:
—Esto me está robando la paz.
Y te pones a tirar.
Sin culpa.
Sin miramientos.
Y resulta que ¡no muere nadie! y encima haces hueco…
Y sí, alguna vez tirarás algo que luego “podía haber servido”.
Pero también ganas espacio, orden y la tranquilidad de no vivir rodeada de objetos con promesas falsas.
Porque guardar cosas “por si acaso” no es previsión.
Es ansiedad heredada, generación tras generación, de pensar que:
“Algo se romperá.”
“Algo faltará.”
“Algo hará falta.”
Y tú has decidido romper el ciclo.
Ahora dime tú:
¿qué guardas “por si acaso” aunque sabes perfectamente que no lo vas a usar nunca?
¿O qué has tirado que casi provoca un drama familiar?
Cuéntamelo en comentarios.
Si te has reído… no seas egoísta ¡comparte!







