
Hay un momento en la vida en el que empiezas a decir cosas y no recuerdas cuándo, por qué ni en qué punto exacto eso pasó.
No fue una decisión consciente.
Un día salieron de tu boca…y ya no se fueron.
Hay frases que dices sin darte cuenta, simplemente un día te oyes… y sabes que ya no hay vuelta atrás.
1. “¿Quién me manda a mí?”
La dices cuando te das cuenta de que has aceptado algo “rapidito”… y ahora estás metida en una ¨liada¨de las gordas.
Porque “¿Quién me manda a mí?” significa:
“Soy gilipollas, eso me pasa por tener buena intención.”
Y lo mejor es que la sueltas justo en el momento exacto en el que ya no puedes echarte atrás.
Ya estás dentro. Ya estás pringanda.
Y lo más fuerte es que siempre hay un culpable, que normalmente eres tú.
Porque tu peor enemigo eres tú misma diciendo “sí, claro” sin pensar.
“¿Puedes hacer esto un momentito?”
Sí.
Claro.
Por supuesto.
¿Y cómo termina?
Tú murmurando:
—Pero… ¿Quién me manda a mí?
Y, después rematas con:
“Es que soy tonta.”
2. “Qué pereza, POR FAVOR.”
No “me da pereza”.
¡¡Qué pereza, POR FAVOR!!
Con énfasis.
Con resignación.
Y después de decir “qué pereza, por favor”, sueltas el clásico:
“¡Paso! Ya mañana.”
Mentira. Mañana también te va a dar pereza. Pero… tú te entiendes.
3. “Está todo por las nubes.”
La dices cuando vas a pagar “cuatro tonterías” y el datáfono te mira como diciendo:
“¿Quieres pagar… o prefieres llorar un rato?”
Porque “está todo por las nubes” significa:
“No sé cómo hemos llegado aquí, pero esto es un atraco.”
Y lo mejor es que lo dices indignadísima… mientras sigues comprándolo igual.
Porque encanta protestar pero, aún así, lo seguiremos comprando…
4. “Esto antes no pasaba.¨
La dices como si hubieras vivido la posguerra.
Aunque tengas 32 años y tu primer trauma haya sido que no te funcionara el Messenger.
Y claro, lo dices y automáticamente te conviertes en tu madre… y después lo rematas con:
“Es que está la gente fatal.”
¡Y te quedas tan ancha!
5. “No es por nada, pero vamos…”
La dices creyendo que estás siendo prudente… pero en realidad es una forma elegante de decir:
“Voy a soltar una verdad como un piano, pero con educación.”
Porque “No es por nada¨significa es por TODO.
Y, ¨pero vamos…” significa preparate, ¡que viene el titular!
Y lo mejor es que después de decirla, ya te sientes con derecho a soltar lo siguiente:
“yo no digo nada pero…” (pero lo estás diciendo TODO)
Si dices estas frases, no estás amargada.
Estás ¨españolísima¨.
Y un poquito más adulta de lo que te gustaría admitir.
Y ahora dime tú:
¿cuál dices más?
¿Eres de “qué pereza, por favor” o de “no es por nada, pero vamos…”?
Te leo en comentarios.
Y en la próxima entrada hablamos de otra cosa que también nos une como país:
la gente que te llama para hablar… y empieza con “¿te pillo bien?”
Pero eso ya… otro día.
Si te has reído… no seas egoísta ¡comparte!







