
Hay una frase que, en España, no es una pregunta.
Es un aviso en plan ¨abróchate el cinturón¨. Y es esta:
—¿Te pillo bien?
Porque tú, inocente, piensas que es una llamada rápida.
Que es un “te cuento una cosa y ya”.
Que durará lo que tarda en hervir el agua de la pasta.
¡JA!
“¿Te pillo bien?” significa en realidad:
“Voy a hablarte 40 minutos, y si intentas colgar, te voy a hacer sentir culpable.”
La llamada siempre empieza igual:
—¿Te pillo bien?
—Sí, dime.
—Nada, es un momentito…
Un momentito.
La frase más falsa después de “solo voy a mirar”.
Porque “un momentito” son:
- 3 minutos si estás de suerte
- 12 si el universo te odia
- 47 si la otra persona se viene arriba
- y una hora si mete la frase maldita: “Bueno, ya que te tengo…”
¡Ya estás jodida!
Cuidado con el ¨Bueno ya que te tengo / Bueno ya que estamos…¨equivale al tiempo que tardó tu abuela en contar una historia que empezaba con “cuando Franco…”
—Pues… dime.
Y ya está.
Has firmado tu sentencia. DEP
El secuestro telefónico en fases
Esto tiene un proceso. Siempre.
FASE 1: La entrada suave
Empiezan con una tontería:
—Nada, que te llamaba para preguntarte una cosa…
Y tú piensas:
“Vale, una cosa. Perfecto. Fácil.”
FASE 2: La expansión
Esa “cosa” se convierte en:
- un resumen del día
- un repaso de gente que no conoces
- un “¿te acuerdas de fulanita?”
- y una historia que empieza en 2003
Y tú ya estás mirando el móvil con cara de:
“¿Te queda mucho?”
FASE 3: La captura
Aquí es cuando meten el anzuelo emocional:
—Es que necesitaba desahogarme…
Y claro, tú no puedes decir:
“¿Y fui la afortunada? reina, ¡que tengo lentejas al fuego!”
No.
Evidentemente, no.
Y ahí empieza tu caída.
Lo mejor (o peor) es que nunca te pillan bien.
Te pillan con el niño colgado de la pierna, cocinando con una mano, entrando al súper, con la compra descongelándose o metiéndote una cucharada de yogur en la boca…
Pero tú dices:
—Sí, sí… dime…
Aunque realmente piensas “NO ME PILLAS BIEN, ME PILLAS FATAL.”
Pero no lo dices.
Porque eres educada.
Porque te han criado con “coge el teléfono que queda feo no cogerlo”.
Porque en España tenemos un problema grave y es que ¡no sabemos colgar!
Tú intentas meter una frase:
—Ah, pues yo…
Y te cortan:
—No, porque escucha…
ESCUCHA.
Esa palabra que significa:
“Tú ahora mismo no existes, solo mi historia.”
Intentas escapar con frases educadas, tipo:
—Bueno, te dejo que tengo que…
Y la otra persona, sin piedad:
—Sí, sí, si yo también… pero espera, que te cuento una cosa más.
UNA COSA MÁS.
¡préparate!
Otra táctica:
—Es que ahora justo estoy liada…
Y te responden:
—Ay sí, no te preocupes, si te lo digo rápido...
Nadie que dice “rápido” lo hace rápido.
NADIE.
Es como el “no voy a llorar”.
Mentira.
El peor tipo: el que llama para “una pregunta”
Este es mi favorito.
Te llaman para:
—Oye, una pregunta…
Y tú:
—Dime.
Y te sueltan una miniserie de 8 capítulos con trama secundaria y giro final, para al final preguntarte ¨¿Tú qué harías?¨.
De repente te conviertes en psicóloga, asesora legal, coach emocional, mediadora familiar y hasta y oráculo de Delfos.
¡Todo mientras intentas doblar ropa!
Pero lo peor es que luego te dicen:
—Bueno, no te entretengo más.
Y encima rematan con:
—Ya hablamos otro día más…
NO.
¡Ya hablaremos otro día no!
En resumen, si alguien te llama y empieza con:
—¿Te pillo bien?
¡TIEMBLA!
Y ahora dime tú:
¿eres de las que llaman con “¿te pillo bien?” o de las que contestan “depende, ¿vas a tardar?”
Porque yo ya estoy en esa fase.
Y no pienso volver atrás.
Si te has reído… no seas egoísta ¡comparte!







