
—Te lo cuento rápido…
Rápido.
RÁPIDO.
La mayor mentira desde “solo voy a mirar” porque “te cuento rápido” significa en realidad:
“Voy a mandarte un audio de siete minutos y si no lo escuchas en treinta segundos, te mando otro preguntando: ¿lo has oído? 😅”
Y tú, que estabas tranquila, con tu café… de repente te ves con el móvil en la mano durante un rato eterno.
El audio eterno siempre tiene estructura.
FASE 1: La introducción innecesaria
El audio empieza con veinte segundos de… nada.
—A ver… espera…
—Que me estoy metiendo en el coche…
—¿Me oyes?
—Bueno…
SÍ, TE OIGO.
Y tú ya estás pensando: “Si esto es el calentamiento, el partido dura hasta Navidad.”
FASE 2: La frase maldita
Y entonces llega.
—Te cuento rápido…
Y tú por dentro: “Perfecto, fenomenal, ideal.”
Porque aún no sabes que estás a punto de escuchar el contexto, el contexto del contexto y un dato random tipo: “Bueno, y eso, que yo estaba con la regla.”
¡Gracias! Me sobra información…
FASE 3: La expansión absurda
Aquí es cuando lo “rápido” se convierte en una serie de Netflix.
Empieza con algo simple:
—Nada, que me pasó una movida…
Y termina con:
—…y entonces le dije “pues mira”, y él me dijo “pues mira tú”, y entonces yo le dije…
Y tú ya estás mirando el teléfono para ver cuanto tiempo le queda al audio.
FASE 4: El momento “espera que te lo explico bien”
Llega un punto en el que la persona siente que no se está explicando del todo.
Y mete la frase:
—Espera, espera que me he liado… te explico bien.
NO, NO.
No lo expliques bien.
Explícalo CORTO.
¡Y va y repite TODO!
Pero más lento.
Con más detalles.
Y con respiración de fondo, como si estuviera corriendo una maratón.
Los audios muchas veces no puedes escucharlos cuando llegan porque te pillan con el niño colgándote del brazo como un koala, en el súper con el carro en una mano o cocinando con el aceite saltando como un volcán.
Pero la otra persona vive en una realidad paralela donde tú estás sentada en un sofá, con una mantita, esperando su audio como si fuera un podcast premium.
La gente podría resumir, podría decir:
—Me ha pasado esto, ¿qué opinas?
Pero no.
Te mandan un audio de siete minutos para acabar con:
—Bueno, tú ya me entiendes…
NO.
NO TE ENTIENDO.
Y, aunque encuentres el momento para escucharlo, hay otro problema.
¡No puedes ponerlo en altavoz!
Jamás.
Porque de ese audio puede salir CUALQUIER COSA.
Tu amiga no tiene filtro, nunca lo ha tenido. Y tú lo sabes.
Puede ser un audio inocente… O puede ser un atentado contra tu reputación.
Y no lo sabes hasta que ya es demasiado tarde.
Por eso lo escuchas pegado a la oreja, con volumen bajito, haciendo como que hablas por teléfono para que la gente piense que es una conversación normal.
Pero no.
Es tu amiga contándote que se ha depilado una zona nueva y quiere tu opinión.
En el autobús.
Un martes.
A las nueve de la mañana.
¡El terror es el audio triple! Porque esto no termina con un audio.
No.
Termina con:
Audio 1: 7:12
Audio 2: 4:38
Audio 3: 0:59 (este es para decir “se me olvidaba”)
SE TE OLVIDABA QUÉ, CARIÑO, ¿EL FINAL DE LA TRILOGÍA?
Y tú ya no estás escuchando…
El “¿te lo mando por audio?” , este también es precioso.
—¿Te lo mando por audio?
Y tú:
—Vale.
Y te cae una Biblia narrada. Porque claro, la gente no usa audios para ser práctica. Los usa para no escribir. El audio es su forma de decir “Yo no voy a hacer el esfuerzo, lo haces tú escuchando.” Y encima añaden:
—Jajaja perdona el audio
¿PERDONA?
Otra frase que merece capítulo aparte, es el “no te lo escribo porque es largo”
—No te lo escribo porque es largo…
Pero me lo cuentas hablado durante ocho minutos, como si yo fuera tu terapeuta.
¿Quieres que te haga un café también?
Porque resulta que escribir tres líneas es muy largo, pero mandarte un audio de siete minutos con respiración incluida, pausas dramáticas y ruido de fondo de tráfico, eso está perfectamente bien.
La lógica brilla por su ausencia.
En resumen, Si alguien empieza un audio con “te cuento rápido”, tú ya sabes que vas a perder tiempo y batería, para acabar respondiendo “jajaja total” sin haber entendido nada.
Y luego contestas con un “sí tía” genérico mientras miras al techo y te replanteas tus amistades.
Y ahora dime tú: ¿eres de las que manda audios de siete minutos o de las que contesta con un “vale” mientras mira al techo y se replantea sus amistades?
Confiesa en los comentarios que necesito saber que no soy la única que vive este infierno.
Si te has reído… no seas egoísta ¡comparte!







