La épica diaria de decidir qué comer hoy

decidir que comer hoy

Hay decisiones importantes en la vida.
Qué estudiar, dónde vivir, con quién casarte…
Y luego está la pregunta que te hace plantearte toda tu existencia tres veces al día:
¿Qué comer hoy?
Parece fácil. ¡Es una pregunta simple! Inocente incluso…
¡Pero no!
Es una trampa existencial disfrazada de rutina.
Decidir qué comer no es solo abrir la nevera y elegir. ¡Ojalá fuera tan sencillo! Decidir qué comer implica negociación, estrategia, inventario mental de lo que queda en la nevera, análisis del presupuesto, evaluación del tiempo disponible, y sobre todo, una guerra interna entre lo que realmente quieres y lo que deberías.
Y encima, si vives con alguien, la cosa se complica.
Porque entonces no es solo “¿qué como yo?”.
Es “¿qué comemos?”.
Y ahí ya entramos en el terreno del conflicto diplomático doméstico.

Fase 1: La pregunta

Todo empieza inocente.
Son las dos de la tarde, o las nueve de la noche. ¡Da igual la hora! La pregunta llega siempre en el peor momento.
—¿Qué comemos hoy?
Y tú, que llevas todo el día trabajando y resolviendo problemas… de repente te quedas en blanco.
¡Fundido a negro!.
Como si te hubieran preguntado cuál es el sentido de la vida o cómo se calcula la raíz cuadrada de 857.645.
—No sé…¿Tú qué quieres?
Y ahí empieza el bucle.
—Lo que sea.
LO QUE SEA.
Esa frase que no significa nada y significa todo a la vez.
Porque “lo que sea” no es una respuesta. ¡Es una trampa! Porque si propones algo, van a decir que no… siempre.
—¿Ensalada?
—Hoy no me apetece.
—¿Pollo a la plancha?
—Muy soso.
—¿Verduras al horno?
—Tengo hambre de verdad.
PUES DIME QUÉ QUIERES.
Pero no.

¡No te lo van a decir!

Porque ellos tampoco lo saben.

Nadie sabe nunca qué quiere comer hasta que le propones algo y entonces, de repente, saben perfectamente que ESO en concreto NO.

Fase 2: El análisis de la nevera

Decides abrir la nevera… A ver qué hay.
Abres.
Miras.
¡Hay cosas!
Muchas cosas incluso.
Pero ninguna es comida ya lista.
Tienes:

Medio calabacín que compraste con toda la ilusión del mundo hace una semana pensando que ibas a hacerte una cena sana, tres yogures caducados hace dos días (pero seguro que aún están bien), un tupper con algo que ya no recuerdas qué era, mantequilla y una botella de agua.

Perfecto…
Cierras la nevera y abres el congelador.
Hielo.

Guisantes de hace tres meses.

Y una bolsa de algo que podría ser carne o podría ser un experimento científico. No lo sabes y tampoco lo vas a averiguar.
Cierras.
Abres la despensa.
Arroz. Lentejas. Garbanzos.
Todo lo que requiere esfuerzo, tiempo, y ganas de cocinar (que no tienes).
Cierras.
Te quedas ahí, mirando la cocina. Preguntándote cómo es posible que tengas una casa llena de comida pero no tengas NADA para comer.

Fase 3: Las propuestas descartadas

Decides ser proactiva y proponer opciones.
—¿Hacemos una tortilla?
—Meh.
—¿Pollo con patatas?
—Muy pesado.
—¿Ensalada?
—Eso no es comer.
—¿PUES QUÉ ES COMER?
Silencio.
—No sé… Algo rico.
ALGO RICO.
¡Claro! Porque todas las otras opciones eran asquerosas…
Respiras. Cuentas hasta diez (en números romanos) e intentas no perder la paciencia.
—Vale. ¿Qué te apetece?
—¡Ya te he dicho que lo que sea!
Y volvemos al principio…
El bucle infinito.
La pescadilla que se muerde la cola.

Fase 4: La tentación del delivery

En este punto ya llevas veinte minutos dándole vueltas al tema.
Y entonces aparece, la idea, la solución fácil, la tentación.
—¿Pedimos algo?
Y de repente todo se ilumina. Claro. ¡Pedimos! ¡Problema resuelto!
Sacas el móvil, abres la app de comida a domicilio y empiezas a mirar…
Pizza, Sushi, Hamburguesas, Comida china, Comida india, Poke, Kebab…
¡Las opciones son infinitas!
Demasiado infinitas.
Ahora el problema no es que no haya nada, ¡es que hay DEMASIADO!
Y encima está el tema del precio.
Miras el carrito.

Doce euros, más tres de envío, más la propina… son dieciocho euros… por una pizza.
—A ver, tampoco es para tanto…
Pero en el fondo sabes que sí, que es para tanto.

Que podrías comprar ingredientes para tres días con eso.

Que es un gasto absurdo.

Que deberías ser más responsable.
¡Pero también sabes que no tienes ganas de cocinar!
Ni de pensar.
Ni de decidir.
Así que das al botón de pagar y asunto resuelto.
Hasta mañana… cuando vuelva a pasar exactamente lo mismo.

Fase 5: La opción por defecto

Si no pides comida, si decides cocinar algo, siempre acabas haciendo lo mismo.
Pechuga a la plancha con ensalada.
Oootra vez.
Porque la pechuga a la plancha es la solución universal a todos los problemas culinarios cuando intentas ser sana.
No requiere pensar, no requiere esfuerzo, no requiere creatividad.
Sartén, aceite, pechuga, sal… Cinco minutos y listo.
¡Misión cumplida!
¿Es aburrido? Sí.
¿Es siempre lo mismo? También.
¿Te importa? En este momento… no.
Porque la alternativa era seguir dándole vueltas al tema durante media hora más y acabar comiendo cereales directamente de la caja…

Nivel experto: El tupper para el trabajo

Y si crees que decidir qué comer en casa es difícil, espera a tener que llevarte el tupper al trabajo.
Ahí ya no es solo pensar QUÉ comer.
Es pensar qué comer que:

Se pueda calentar en el microondas

No huela a todo el edificio

No se quede seco

No se ponga malo en tres horas

No se derrame en la mochila
Y de repente todas las opciones se reducen a… nada.
¿Pescado? Huele. Descartado.
¿Carne a la plancha? Se queda seca y dura como una suela. Descartado.
¿Ensalada? Se queda mustia y triste. Descartado.
¿Arroz con cosas? Vale, pero siempre arroz con cosas…
Te quedas mirando la nevera la noche anterior pensando: “Mañana me llevo tupper”…. Y acabas comprando un sándwich.
Porque el tupper requiere un nivel de planificación, que a las diez de la noche simplemente no tienes.
Y entonces, mientras comes, piensas:
“Mañana lo hago mejor.”
Mañana voy a comprar cosas ricas.
Mañana voy a cocinar algo decente.
¡Mentira!
Mañana vas a volver a abrir la nevera a las dos de la tarde sin ni idea de qué comer y va a empezar todo otra vez.
Cuéntame: ¿cuánto tiempo tardas en decidir qué comer? ¿Y cuál es tu comida de emergencia cuando ya no puedes más con la indecisión?

Si te has reído… no seas egoísta ¡comparte!

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2 Comments
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LiloGrbook's

Jaja no solo me rei, es que de verdad estaba justo pensando en que llevar mañana al trabajo y ahora lo recordaré asi.

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