
Hoy es Nochevieja, el día grande en el que todos intentamos comernos 12 uvas en 12 segundos sin morir en el intento.
Esa maravillosa tradición española que consiste en reunirnos con familia o amigos, comer como si no hubiera mañana… y luego intentar no morir atragantados delante de la tele.
Todo “por todo lo alto”.
Que nadie sabe muy bien qué significa, pero suena importante.
Los de veintitantos-treintaypocos van a las preuvas, postuvas y a cualquier cosa que incluya alcohol, música a 200 decibelios y brilli-brilli.
Los de cuarenta empiezan diciendo:
—Salimos solo un ratito, que mañana hay que atender a los niños.
Y acaban a las 4:37 de la mañana,con el abrigo en un brazo, el bolso en el otro y un gintonic en la mano.
A partir de los cincuenta ya se asume que lo más fuerte esa noche es un antiácido. Y gracias.
(Aquí cada uno con la edad que se sienta)
Y, cómo no, otra cena infinita.
Pero esta vez a contrarreloj.
No vaya a ser que nos perdamos LAS UVAS,
ese evento nacional en el que, de repente, todo el país decide que comerse las 12 uvas a velocidades olímpicas es clave para nuestra supervivencia como nación.
Luego están los valientes que se pasan la tarde entera plantados en la Puerta del Sol.
Esos sí son auténticos gladiadores romanos:
sin miedo al frío, ni al gentío, ni a salir en los informativos con un gorro dorado.
Y aún así ahí están, felices.
Y hablemos de Sol como concepto:
Ningún país del mundo celebra el fin de año tan concentrado en una plaza que parece claramente demasiado pequeña para tanta emoción.
Todo el mundo gritando, llorando, besándose, perdiendo móviles…
Y siempre hay alguien que grita “¡FELIZ AÑO!” cuando aún faltan diez minutos.
Un caos precioso.
Y llega la parte clave de la noche:
La performance colectiva más absurda y maravillosa que tenemos como país.
Silencio tenso en el salón.
Televisión puesta.
Todo el mundo concentrado.
Y entonces empiezan los gritos:
—¡CALLAOS, QUE NO OIGO!
—¿ESO ERA EL RELOJ?
—¿YA?
—¡QUE SON CUARTOS, COÑO!
Llega el carrillón.
Luego el reloj.
Después el silencio…
Y llega el espectáculo nacional:
Intentar comerte 12 uvas en 12 segundos sin atragantarte.
Un país entero masticando a la vez.
Eso une más que cualquier himno.
Pero antes de eso, tenemos uno de los momentos estrella de la noche, la aparición estelar de la Pedroche.
Porque no es Nochevieja hasta que sale Cristina Pedroche.
¿Con qué nos sorprenderá la Pedroche este año?
España se divide en dos bandos:
- Los que viven PARA ver qué lleva
- Y los que dicen que no les importa… pero lo están viendo igual
Ese vestido ya no es un vestido.
Es un acontecimiento sociopolítico.
Hay análisis, debates, teorías, planos detalle, opiniones no solicitadas…
A partir de ahí, cada uno escoge su final de año:
Algunos se van de cotillón.
Por solo 50, 60 o 70 euros te llevas:
✔ gorrito de plástico
✔ matasuegras
✔ collar alérgico
✔ garrafón “premium”
Un chollo.
Otros se quedan en casa “jugando tranquilos”.
JÁ.
Aquí no juega nadie por diversión.
Se juega por honor.
Por victoria moral.
Por poder decir “TE LO DIJE” durante el resto del año.
Y siempre, SIEMPRE, ocurre:
Alguien hace trampas.
Alguien grita “¡ESO NO VALE!”
Y alguien se levanta indignado diciendo:
—Yo ya no juego más.
Hasta el próximo año.
Pero, bromas aparte…
No importa si terminas bailando, gritando, riendo, enfadado, abrazado o luchando por tragar la última uva sin morir en el intento.
Lo importante es acabar el año juntos.
De verdad.
Así que:
Os deseo una feliz salida de año y una entrada aún mejor.
Que 2026 nos traiga risas, momentos bonitos… y una lista enorme de propósitos… que no vamos a cumplir.
Pero eso ya es otra entrada.
Si te has reído… no seas egoísta ¡comparte!







