Querida báscula, tenemos que hablar

Querida báscula, tenemos que hablar.

Querida báscula,

¡Tenemos que hablar!

Y no, no es una charla tranquila.

Es una conversación incómoda.

De esas en las que una de las dos va a salir perdiendo… y sospecho que no voy a ser yo.

Porque llevamos días evitándonos.

Yo paso por delante de ti como si fueras un mueble más del baño.

Tú, callada, quietecita.

Esperando el momento exacto para hundirme la mañana.

Y mira… no.

Tú y yo llevamos muchos años juntas.

Nos conocemos.

Hemos pasado muchas cosas.

¡Pero últimamente te estás viniendo arriba!

Porque yo me subo con respeto.

Sin zapatos.

En pijama.

Bien colocada en el centro.

Haciendo TODO lo que se supone que hay que hacer para que tú seas justa…

Y tú…

¡TÚ TE FLIPAS!

Te quedas pensando dos segundos eternos…

Y entonces… ¡zas! el numerito.

Así, sin anestesia.

Sin contexto.

Pero, ¿Eso qué es?

¿Peso real o te lo estás inventando?

Lo primero, no hemos engordado “porque sí”.

Hemos sobrevivido a la Navidad.

A las cenas interminables.

A los “prueba esto”.

A los “solo un poquito más”.

A los dulces que no se pueden tirar.

A los brindis “por si acaso”.

Eso no es engordar.

Eso es tener familia y vivir en España.

Y tú solo ves kilos, mientras yo veo contexto.

Porque no me has visto:

— rechazar un polvorón

— beber agua “entre copa y copa”

— decir “ya no quiero más” …

Eso también cuenta.

¡O debería!

De entrada, piensas:

“Vale… no puede ser tan grave”.

Y lo es.

Entonces empieza la fase negociación:

—Espera, voy a bajar y subir otra vez.

—No, mejor me coloco aquí.

—Igual es que el suelo está torcido.

—Igual es retención de líquidos.

—Igual es que hoy no estás bien calibrada.

Pero no.

Tú sigues firme.

Imperturbable, como si no supieras que yo he sido buena persona este año.

Porque además, no es solo el número.

Es la sensación.

Ese pensamiento automático de:

“En enero me pongo en serio”.

JA.

Enero siempre llega cargado de promesas que no vamos a cumplir:

Dieta, gimnasio, fuerza de voluntad que no sabemos de dónde sacar…

Y mientras tanto, tú ahí abajo, mirándome desde el suelo, ¡provocando!

Así que voy a dejarte algo claro:

No voy a pelearme contigo.

No voy a subirme todos los días.

Porque yo sé lo que ha pasado.

He vivido.

He comido bien.

He brindado.

He disfrutado.

Y sigo cabiendo en mis vaqueros (con la cremallera justa, pero cabiendo).

Así que vamos a hacer un trato.

Yo no te tiro por la ventana.

Y tú no me fastidias el día.

Yo prometo volver a comer “normal”.

Tú prometes no recordarme cada mañana, todos los excesos.

Y sobre todo, lo más importante:

¡no nos vamos a pelear todos los días!

Porque no necesito una enemiga más en casa.

Bastante tengo con los vaqueros.

Sin rencores,

pero con distancia…

Y si después de esta conversación te has prometido “comer un poco mejor, pero sin perder la dignidad”, no te preocupes…

En la próxima entrada te ayudo con eso

Dime la verdad:

¿La evitas? ¿Te subes de lado “por si acaso”?

Cuéntamelo en comentarios, ¡que aquí no juzgamos!… para eso ya está la báscula.

Si te has reído… no seas egoísta ¡comparte!

¿Quieres más?

Suscríbete y te regalo la Guía de supervivencia: 12 meses, 12 retos.

Además, te aviso cada vez que haya nuevo artículo.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

Subscribete
Notify of
guest

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments
Scroll al inicio