El arte español de usar la silla como armario alternativo

silla que utilizamos como armario

Hay muebles que cumplen su función.

La mesa sirve para comer, el sofá para sentarse, la cama para dormir…
Y luego está la silla del dormitorio.
Que, técnicamente es para sentarse, pero en la práctica es el armario paralelo que todas llevamos tenemos.
Porque seamos sinceras: ¿quién usa la silla del dormitorio para sentarse?

Nadie.

Absolutamente nadie.

Esa silla está ahí por decoración, por si acaso, por llenar espacio…

Pero su verdadero destino, su propósito último en la vida, es acumular ropa.
No ropa sucia, ¡ojo! Pero tampoco ropa limpia…
Ropa en ese limbo existencial de “ya me la he puesto pero no está sucia del todo” que nadie sabe muy bien dónde meter.
Todo empieza de forma inocente. Te quitas el pantalón vaquero por la noche. Lo miras y está bien, limpio… ¡Podrías ponértelo mañana perfectamente!

Pero tampoco está recién lavado como para meterlo en el armario con el resto…Así que lo dejas en la silla.

Solo por esta noche.

Mañana lo guardas.
Mentira.
¡Mañana no lo guardas!
Mañana te levantas, buscas otra cosa que ponerte y encima del vaquero pones la sudadera de estar por casa.
Y así empieza la pila.
Dos días después, la silla ya tiene tres prendas. El vaquero del primer día (del que ya ni te acuerdas), la sudadera de ayer, y el jersey de hoy que te has quitado porque dentro de casa hace calor pero luego por la tarde igual lo necesitas.
Al cuarto día, la silla es oficialmente una montaña textil.
Hay capas, como en geología. Si excavas, puedes encontrar prendas de la semana pasada que juraste que habías perdido.

“¿Dónde está mi camiseta gris?”

Ahí.

En la silla.

Debajo del pijama que usaste hace tres noches, la chaqueta que te quitaste el martes y la camiseta de tirantes que llevaste el lunes pero que no sudaste así que técnicamente sigue limpia.
Y lo mejor de todo es que sabes perfectamente lo que hay en cada capa. Tienes un mapa mental de la pila, puedes señalar con exactitud dónde está cada prenda sin ni siquiera mirar.
—¿Has visto mi jersey negro?
—En la silla.
—¿Seguro?
—Cuarta prenda empezando por arriba.
Y ahí está. Exactamente donde dijiste.
Porque la silla del dormitorio no es un caos…Es un sistema.

Un sistema que solo tú entiendes… pero un sistema al fin y al cabo.
El problema llega cuando alguien de fuera intenta ayudar.
—Oye, ¿recojo esto y lo meto en el armario?
—NO.
—¿Por qué? Está todo arrugado.
—Porque no está limpio.
—Pues lo meto en el cesto de la ropa sucia.
—Tampoco está sucio.
—Entonces… ¿qué hago con ello?
—Dejarlo exactamente donde está.
Silencio incómodo…
Porque claro, explicar el concepto de “ropa intermedia” es complicado. Explicar que hay prendas que viven en un estado de gracia temporal entre lo limpio y lo sucio es casi filosófico. Explicar que esa pila tiene un orden aunque parezca que no lo tiene… eso ya es directamente imposible.
Pero tú lo sabes.
Sabes que el vaquero negro de abajo del todo lleva ahí una semana pero sigue perfectamente ponible. Sabes que la sudadera de en medio la has usado tres veces esta semana y está bien. Sabes que la camiseta de arriba te la pusiste ayer solo dos horas y no tiene ni una arruga.
Y lo mejor es que cuando por fin decides hacer limpieza de la silla (normalmente porque viene visita o porque ya no cabe ni una prenda más), te das cuenta de que la mitad de esas cosas efectivamente no estaban sucias.
Están bien.
Las doblas y las guardas en el armario.
Y te sientes reivindicada. ¡Porque tenías razón! No estaban sucias, estaban… en la silla.
Que para eso está.
Claro que luego, al día siguiente, te quitas el jersey por la noche y piensas “esto lo puedo volver a usar mañana” y sabes perfectamente dónde va a ir.
¡A la silla!
Porque aunque el armario esté vacío, aunque tengas perchas de sobra, aunque tengas espacio, hay algo en la silla del dormitorio que te llama. Que te dice “ponlo aquí, que mañana lo necesitas”.
Y obedeces.
Porque la silla no es un mueble.
Es el lugar donde vive la ropa que no es ni una cosa ni la otra, la ropa que está esperando, la ropa que tiene una segunda oportunidad antes de ir a la lavadora, la ropa que todavía sirve…
Y si alguien te dice que eso es desorden, que está todo arrugado, que por qué no lo cuelgas o lo lavas directamente, tú sonríes.
Porque ellos no lo entienden.
No entienden el arte.
El arte español de usar la silla como armario alternativo.
Ese arte que se transmite de generación en generación. Que tu madre tenía su silla, tu abuela tenía su silla, y tú también tienes la tuya. Cada una con su pila. Cada una con su sistema. Cada una convencida de que su método tiene sentido aunque nadie más lo vea.
Y cuando te vayas de casa, cuando tengas tu propio piso, cuando compres tus propios muebles, habrá una silla en tu dormitorio.
Y sabrás exactamente para qué es.
Y tú, ¿también tienes silla-armario o soy solo yo viviendo en este caos organizado?

Cuéntame qué está en tu pila ahora mismo, que necesito saber que no estoy sola en esto.

Si te has reído… no seas egoísta ¡comparte!

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