
Hay cosas que solo le cuentas a tu mascota.
Cosas que no le dirías a tu pareja.
Ni a tu mejor amiga.
Ni siquiera a ti misma en voz alta.
Pero ahí estás tú, a las once de la noche, sentada en el sofá, contándole a tu gato todos tus problemas mientras él te mira como si estuvieras completamente loca.
Y lo mejor es que no te juzga.
Bueno, en realidad sí te juzga. Pero como no habla…
Las conversaciones que solo tienes con tu mascota
Hay un tipo de conversación que solo existe entre tú y tu mascota.
Esa en la que llegas a casa después de un día de mierda, te sientas en el sofá, y empiezas a hablarle.
Como si tu gato fuera a responderte con un consejo profundo sobre la vida.
—Hoy ha sido horrible. No te imaginas hasta qué punto…
Y él te mira con esa cara que dice: “Me importa muy poco, pero sigue, que me aburro”.
Y sigues porque en el fondo sabes que es el único ser vivo en tu casa que no va a interrumpirte para darte su opinión sobre lo que deberías haber hecho.
No te va a decir “ya te lo dije”.
No te va a soltar un “pues yo en tu lugar…”.
Solo te escucha.
O finge que te escucha. Que para el caso, es lo mismo.
Por qué funciona tan bien
Hablar con tu mascota es terapéutico.
No porque te resuelva nada. Sino porque te deja decir en voz alta todas esas cosas que llevas dentro y que no sabes cómo soltar.
Es como un diario pero con pelo y que ronronea.
Le cuentas lo que te preocupa.
Lo que te enfada.
Lo que te da miedo.
Y mientras hablas, te vas escuchando a ti misma.
Y muchas veces, al final de la conversación, ya has encontrado la respuesta sola.
Tu gato no ha hecho nada. Solo ha estado ahí.
Y eso, a veces, es suficiente.
Las preguntas que nunca te responderá (pero que igualmente le haces)
—¿Tú crees que he hecho bien?
Silencio.
—¿Debería haberle dicho algo?
Silencio.
—¿Estoy exagerando?
Silencio.
Pero tú sigues preguntando y tu gato, con esa cara de superioridad moral que solo los gatos saben poner, te mira como diciendo: “Tú sabrás lo que haces. Yo aquí solo estoy por la comida”.
Y tiene razón.
No estamos locos
Si hablas con tu mascota, no estás loca.
Estás procesando y sacando fuera lo que llevas dentro.
Y tu gato, tu perro, tu pájaro, lo que sea que tengas, te está haciendo un favor enorme porque te está dejando ser tú misma sin filtros.
Sin miedo a que te malinterpreten.
Sin preocuparte por lo que piensen.
Sin tener que explicarte.
Solo tú, tu voz y un animal que finge que le importa.
Y eso, en un mundo donde todo el mundo opina sobre todo, es un regalo.
Así que sí, le hablo a mi gato como si fuera mi terapeuta.
Y no, no pienso parar.
Porque me escucha mejor que la mitad de la gente que conozco.
Y, sobre todo, porque nunca me ha cobrado por la sesión.
¿Tu mascota también es tu terapeuta?
¿O soy solo yo la que tiene conversaciones profundas con un gato que está pensando en su cena?
Cuéntamelo en los comentarios.
Si te has reído… no seas egoísta ¡comparte!







